Aún queda l sabor de tu último beso; aún suena en mis oídos tu último “te amo”; todavía puedo percibir tu exquisito perfume. Sigo creyendo verte en las calles; que pronto llamarás.
Lo sé: nada es verdad. Esta realidad, cruel como la muerte, que me hace vagar por un mundo sin sentido desde que tu amor se marchó por la puerta, ahora cerrada.
Le dabas sentido a todo. Mi vida tenía sentido, todo lo que hacía lo hacía por y para ti... ¿Y ahora? Ya nada me importa. Tú no volverás y yo no puedo ir a buscarte.
Camino bajo la luna con mi manto negro por el cementerio cubierto de hojas otoñales. Aquel donde está enterrado el amor que en algún tiempo tuvimos en nuestras manos.
Aún no entiendo porqué nuestros caminos se unieron si luego volverían a ser una bifurcada; cómo es que mi corazón fue tan ciego de no ver que te marchabas; cómo es que en un instante (interminable; mortal) todo se vuelve oscuro, todo desaparece, el mundo se divide en dos y la tempestad acecha.
Mi calzado gastado, mis pies cansados y lastimados ya no pueden seguir.
He aquí mi adiós aunque mi corazón deje en él.
Alcanzar una estrella, llegar al sol, volar ya no es tan difícil como tratar de alcanzarte.
Todo te entrego, excepto los recuerdos.
En las páginas de mi corazón quedará escrito el primer encuentro; la primera mirada; la primera risa; el primer abrazo; la primera lágrima; el primer beso...
Esté dolor que se hace más adictivo. Que soy capas de soportar con tal de tenerte un segundo más.
El momento de separarnos ha tocado nuestra puerta. Sólo sombras quedan en la habitación.
Nuestros corazones, que algunas vez estuvieron unidos por esa misteriosa enfermedad sin remedio pero agradable y adictiva... dejaron una huella que el tiempo borrará, que inconscientemente borraremos de nuestro camino.
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