sábado, 11 de febrero de 2012

LIBERTAD


Se encontraba parada al borde del abismo.

Se encontraba allí, en la cima del cerro más inminente.

Sus ojos estaban cerrados.

La brisa del atardecer acariciaba su rostro. Los últimos rayos del sol poniente acariciaban su delicado cuerpo.

El corazón le latía tan rápido... podía oír sus propios latidos.

Y allí estaba, parada, esperando cobrar valor.

Sabía en su interior que ya no habría retorno.

Abrió sus ojos.

El abismo frente a ella.

Un piso de finas nubes y en el horizonte, el sol escondiéndose tras los cerros.

Volvió a cerrar sus ojos.

El momento había llegado.

Sus alas se desplegaron suavemente.

Los últimos rayos del día acariciaban sus plumas, los últimos rayos del último día en el que su espíritu estaría entre cadenas.

Su pecho se infló del aire fresco y puro. Olía a libertad.

Y se lanzó.

Cayendo precipitadamente al vacío.

Cierra sus alas y acelera la caída.

Justo antes de tocar la dureza del piso... extiende sus alas.

Se eleva.

Su espíritu se llena de vida.

Siente fluir la alegría en todo el cuerpo.

El horizonte no parece estar lejos.

Y hacia allí se dirige.

Hacia la libertad. Hacia la liberación.

Ya nada la detendrá.

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