
El estaba allí parado, esperando.
Su mirada brillaba como las estrellas en la oscuridad del cielo.
Por su cuerpo corría una extraña sensación de ansiedad, placer y amor.
El autobús detuvo su marcha y ella bajó las escaleras.
Allí estaba él. Allí estaba ella.
Fue ese instante mágico en el que el mundo deja de existir, donde pareciera que el mundo calla y se hace un silencio profundo.
Fue aquel silencio, donde se oye una melodía de fondo, donde las miradas se reencuentran.
Avanzan. Se miran. Se detienen. Uno frente al otro.
El reencuentro de dos almas.
Almas que en algún tiempo, alguna vida pasada, estuvieron unidas. Hoy vuelven a estarlo.
Dos extraños en el presente, dos almas unidas por el amor a lo largo del tiempo.
El primer beso. El beso del reencuentro.
Un beso suave, dulce y tibio. Un beso con amor, con pasión.
Dos corazones que laten como uno.
Dos almas que se funden en una.
Dos amantes que se reencuentran en una nueva vida.
Ni la distancia, ni el tiempo existen ya.
Su amor ha vencido todo más allá del infinito.
Un abrazo, el abrazo de los amantes. El abrazo de haber llegado a casa.
Un amor, un reencuentro. Dos vidas unidas en la eternidad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario